Transcribimos la primera estrofa del poema del título,
del poeta chileno Nicanor Parra.
Los delincuentes modernos
están autorizados para concurrir diariamente a parques
y jardines.
Provistos de poderoso anteojos y de relojes de bolsillo
entran a saco a kioskos favorecidos por la muerte
e instalan sus laboratorios entre rosales en flor.
Desde allí controlan a fotógrafos y mendigos que
deambulan por los alrededores
procurando levantar un pequeño tiempo a la miseria
y si se presenta la oportunidad llegan a poseer a un
lustrabotas melancólico.
La policía atemorizada huye de estos monstruos
en dirección del centro de la ciudad
en donde estallan los grandes incendios de fines de año
y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos
madres de caridad.
del poeta chileno Nicanor Parra.
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El autor |
Los delincuentes modernos
están autorizados para concurrir diariamente a parques
y jardines.
Provistos de poderoso anteojos y de relojes de bolsillo
entran a saco a kioskos favorecidos por la muerte
e instalan sus laboratorios entre rosales en flor.
Desde allí controlan a fotógrafos y mendigos que
deambulan por los alrededores
procurando levantar un pequeño tiempo a la miseria
y si se presenta la oportunidad llegan a poseer a un
lustrabotas melancólico.
La policía atemorizada huye de estos monstruos
en dirección del centro de la ciudad
en donde estallan los grandes incendios de fines de año
y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos
madres de caridad.
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